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Nuestro más sentido pésame.

29/10/2026

Desde la Parroquia Santiago Apóstol de València queremos enviar nuestro más sentido pésame a las familias de los fallecidos en el accidente de trenes ocurrido ayer en Urda.
Localidad que hace menos de un año nos acogió en el mismo Polideportivo que hoy se abre para ayudar a todos los heridos y acoger a las familias que buscan a sus seres queridos.
Hemos estado en comunicación con su párroco Don Josemi quien agradece el apoyo. Os compartimos sus palabras tan llenas de cariño “ Gracias de corazón , os pido oraciones por las víctimas para que recuperen pronto la salud, por los familiares para que tengan consuelo y paz y la Misericordia de Dios para los fallecidos.”
 
Estos acontecimientos nos llevan a recodar aquello que golpeó nuestra querida tierra de Valencia como fue la DANA y que hoy cumple 2 años de lo ocurrido.
No nos olvidamos de lo vivido, y seguimos abrazando en nuestro interior a quienes sufrieron sus consecuencias y hacemos memoria de todo lo que, como parroquia en misión, pudimos compartir en aquellos días tan difíciles.
 
Todavía resuenan en nuestra memoria las imágenes de la destrucción, el dolor de tantas familias que lo perdieron todo y la incertidumbre de quienes se vieron desbordados por una tragedia que nunca hubiéramos imaginado. Pero, junto a tanto sufrimiento, también descubrimos algo muy grande: Dios mueve de corazón de las personas al amor, la entrega y la más absoluta gratuidad siendo unos para otros Providencia de su ternura.
 
El Señor regaló a nuestra parroquia el don de ser, desde el primer momento, un lugar de acogida, ayuda y de esperanza. Entre todos, fuimos organizando la recogida de alimentos, productos de primera necesidad y materiales de limpieza; canalizamos donaciones, colaboramos con los afectados y pusimos nuestras manos y nuestro tiempo al servicio de quienes necesitaban volver a empezar. Fueron días de mucha oración y de trabajo intenso, de generosidad y de entrega, en los que cada pequeña aportación se convirtió en una forma concreta de amar.
 
Pero, sobre todo, fueron días en los que comprendimos que la parroquia no es solamente un templo al que acudimos a celebrar nuestra fe, sino que la fe mueve a las obras. Como posada del samaritano se hace presente cuando alguien sufre. Una comunidad que no permanece indiferente ante el dolor, sino que sale al encuentro del hermano y descubre en él el rostro de Cristo.
 
Hoy damos gracias Dios por todo lo vivido: a quienes colaboraron, a quienes donaron, a quienes trabajaron incansablemente, a quienes acompañaron y consolaron, y a quienes, desde el silencio, ofrecieron su oración.
 
Y no queremos olvidar a quienes perdieron a sus seres queridos, sus hogares, sus negocios o la tranquilidad de sus vidas. Nuestro recuerdo y nuestra oración siguen estando con ellos. Que el Señor sea consuelo para quienes todavía llevan heridas abiertas y fortaleza para quienes continúan reconstruyendo sus vidas.
 
Que el Señor nos conceda un corazón siempre despierto al amor. No estamos solos. Dios se ha hecho hombre y se ha puesto al lado de cada hombre. También el sufrimiento puede convertirse en una escuala de misericordia.

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