¿Puedes presentarte?
Soy Joan, de Catarroja he estado como voluntario en la parroquia. Un día me dijeron si quería echar una mano a Fátima como coordinador y ahí hemos estado haciendo esa pequeña aportación.
¿Cuántas horas?
Pues no había horas porque esto se hace por amor y el amor no tiene medida, ni cantidad. Nunca es suficiente para el amor. Ese es el motivo. Yo en mi trabajo me paso el día mirando el reloj para que culminen las 8 horas y aquí no había necesidad de mirar el reloj porque las situaciones iban sucediéndose.
¿Qué te has encontrado en la gente que acudía a María Madre?
Me ha conmovido ver la evolución de las personas porque el rostro de esta semana a la primera semana no tenía nada que ver. Se ha visto una evolución. Nosotros estábamos ahí no sólo repartiendo arroz sino dando un abrazo, una sonrisa. Eso ha favorecido que esos rostros se fueran transfigurando, diciéndolo en un lenguaje religioso. Yo he visto rostros transfigurados, que venían muertos y ha habido de nuevo vida.
¿Ha sido una evangelización?
Esto es una evangelización de manual, claro. Esto es lo que la Iglesia hace habitualmente pero que ante una situación tan especial como esta, tiene una imagen más especial.
¿Cómo ha sido la relación con Santiago Apóstol?
Esta gente están taraos todos. Todos. Esta gente es maravillosa. Son ángeles que Dios pone en tu vida. Nuestra iglesia es pequeña, con poca mano de obra, pero el Señor saca de dónde no hay y recoge de dónde nadie siembra.
¿Qué quedará de todo esto después de 5 o 6 años?
No olvidaremos lo que pasamos el día 29, esto tampoco se va a olvidar, se queda grabado en el corazón y nos ayuda a vivir nuestra vida de fe y nuestro día a día. Vemos que ante la muerte siempre hay esperanza, ante el desastre ha solución. Me llevo esto, además de una bonita amistad con los que ya considero hermanos de Santiago Apóstol.

