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¡Cristo ha resucitado! Solemne Vigilia Pascual.

30/03/2024

Las nueve y media de la noche fue la hora escogida para comenzar la solemne liturgia de la Vigilia Pascual. El Sábado Santo estuvo marcado por el silencio y la preparación, tanto interior como exterior, para la Pascua. La mañana se dedicó al oratorio de los niños a las 10, media hora más tarde se hizo el rezo de laudes presidido por el padre Juan Retamar y después varios equipos de trabajo arreglaron el templo para la celebración pascual. A las 19’30 se celebró un vigilia más breve.

La liturgia pascual estuvo presidida por d. Vicente Carrascosa, el vicario parroquial d. Vicente Ballester y por d. José Ignacio Serquera. La primera parte de la solemne Vigilia estuvo centrada en el rito de la luz y el lucernario. Tras la bendición del cirio pascual, toda la iglesia se inundó de su luz y se proclamó el pregón pascual.

Finalizada la primera parte se pasó la la liturgia de la Palabra. Se proclamaron las siete lecturas del Antiguo Testamento, se hizo el canto de los niños, a continuación la asamblea exultó con el cánto del Gloria para, finalmente, proclamarse la epístola y el Evangelio de la resurreción del Señor.

La potente predicación del párroco se centro en el el paso del Señor. Paso que concretó en tres elementos muy concretos. El primero es el paso de tener que conquistar todo a vivir de la gratuidad: «No se necesita seguir conquistando sino acogiendo porque Dios provee, sabe lo que te hace falta». El segundo consisitiría en «dejar proyectos que no funcionan y que nos llenan de ansiedades y preocupaciones» y pasar a la realidad, «ante la cual la imaginación se repliega», siendo el mejor plan acoger el hoy. El tercer elemento es dejar las seguridades que solo se ansientan en la muerte y entrar de lleno en la certeza, en la experiencia de la resurrección, sabiendo que «Nada es imposible para el Amor, nada es imposible para Dios» y, «Dios que ha movido la piedra, la va a seguir moviendo». 

La celebración continuó con la bendición del agua, la renovación de las promesas bautismales por parte de toda la asamblea, la aspersión y, finalmente, la liturgia eucarística.

Los cantos y el baile en el templo y en la plaza de la parroquia pusieron el punto final a la Vigilia Pascual.

¡CRISTO HA RESUCITADO! ¡VERDADEAMENTE HA RESUCITADO!

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